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Actualidad, Derecho, críticas de los actos políticos. Soy perfecto pero prefiero negarlo, le temo a los envidiosos y a las envidiosas.

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Energías alternativas para producir electricidad. La energía hidroeléctrica

          Después de los hidrocarburos, la energía hidroeléctrica aparece como la segunda opción. Creo, tiene efectos menos dañinos con relación a los hidrocarburos, mas también está al borde de la extinción.

          Los grandes ríos son los de alta rentabilidad, capaces de generar energía para enormes poblaciones. Pero ya quedan pocos ríos aptos para erigir gigantescos emprendimientos.

          Asimismo, quedó demostrada la falacia del axioma "la energía hidroeléctrica es energía limpia", criterio éste sostenido sin discusiones hasta hace unos cincuenta años. El impacto ecológico de las represas puede ir, desde medianamante grave hasta catastrófico. Lo que es indiscutible, es la existencia de deteriores ambientales, imposibles de evitar totalmente cuando se construye una hidroeléctrica.

          Yo vivo en la zona de influencia directa de la represa de Yacyretá, emprendimiento binacional (Argentina - Paraguay), desde antes de iniciarse las obras. Puedo dar fe de los variados efectos nocivos.

          Antes de erigirse Yacyretá, grandes peces poblaban el Parañá río arriba de la actual represa. Según el mito popular, los pescadores suelen mentir sobre el tamaño de las piezas cobradas. Por ello dudo de que hubieran, a la altura del río Paraná donde yo vivo (la ciudad de Posadas, Provincia de Misiones, Argentina) peces de más de 200 kilogramos. Pero sí, he visto en diversas ocasiones, surubíes de más de 70 kilogramos. Nada de eso quedó en el río Paraná arriba de la represa de Yacyretá.

          Después de varios años de ser un "río muerto", el Paraná (en el tramo Yacyretá - Iguazú) comenzó a repoblarse. Lamentablemente, los grandes peces no volvieron, y es poco probable el regreso. Numerosos intentos de repoblación fracasaron. Otros peces llenaron el nicho, pequeños en comparación y de otras especies. La extinción de los grandes peces se extendió a los afluentes del río Paraná.

          Otro efecto grave es la devastación de las orillas por el oleaje. El río Paraná es enorme. Tiene miles de kilómetros de extensión, casi inmensurable si sumamos los afluentes, la cuenca total. A la altura de la ciudad de Posadas, unos 1.200 kilómetros antes de la desembocadura en otro gigante (el río de La Plata), el Paraná medía antes del represamiento entre 4 y 5 kilómetros de ancho. Millones y millones de metros cúbicos de agua pasaban frente a Posadas por segundo. A pesar de ello, tal ancho y caudal es incapaz de crear oleajes importantes aún con vientos fuertes y crecidas.

          Pero acercándonos a la represa en sí misma (unos 70 kilómetros río abajo de Posadas), el curso se ensanchó gradualmente mientras la represa se fue llenando, hasta alcanzar 70 kilómetros de ancho. En esa zona, testigos calificados afirman haber visto olas de 7 metros de altura. Las orillas no están geológicamente preparadas para el impacto de olas de ese tamaño. El resultado es la sistemática destrucción de zonas costeras habitables, por una erosión que recién está empezando.

          El Paraná sin embalsar, a pesar de ser un río "de llanura", corría raudo frente a Posadas comparandolo con el actual estado de estancamiento producto de la creación artificial del enorme lago. Las aguas no arrastran los materiales orgánicos e inorgánicos en suspensión, y los mismos se depositan en el cauce, en especial en las entradas y curvas del río. Se han creado islotes más o menos flotantes.

          Pero cada tanto, fuertes lluvias se llevan parte del material sedimentado. Entonces, donde no hay - digamos - "ni tierra, ni agua", sino composiciones cercanas a un pantano, son lugares ideales para la incubación de mosquitos posibles transmisores de enfermedades: dengue, fiebre amarilla, leshmaniasis, paludismo y más. Esto también empieza.

          He anotado sólo algunos de los problemas producidos por la construcción de una gran represa - Yacyretá - que ni siquiera se ha llenado totalmente. Por ello, reitero, "esto recién empieza".

          Se aduce la supuesta ventaja de crear mini-represas en arroyos. En la Provincia de Misiones de naturaleza selvática y serrana, las superficies inundables por los lagos pequeños podrían oscilar entre 5 y 50 hectáreas. Unas pocas represas pequeñas no causan daños, por ejemplo una densidad de 5 represas en 10.000 kilómetros cuadrados. A los niveles actuales de consumo per capita de una sociedad de mediano desarrollo, tal el Cono Sur de America del Sur, 5 represas en 10.000 kilómetros cuadrados rendirían menos del 1% de las necesidades energéticas. Ello, si el lugar fuera semi-rural, con pequeños pueblos.

          Está la opción de construir 1.000 pequeñas represas en 10.000 kilómetros cuadrados, suponiendo la existencia en la región de numerosos caudales de agua (esa es la situación de la Provincia de Misiones). En tal caso, si, efectivamente, el aporte de las mini-represas hidroléctricas sería relevante en la zona, probablemente cubriría todas las necesidades de electricidad. Pero 1.000 represas, suponiendo una mínima inundación de 25 hectáreas cada una, suman 25.000 hectáreas. Se requieren otras 25 hectáreas por mini-represa (cuanto menos) para instalaciones accesorias (caminos de ingreso a las maquinarias, depósitos, talleres, resguardos del personal de mantenimiento y vigilancia, transformadores, áreas de seguridad alrededor de los lagos artificiales, oficinas, obras destinadas a evitar aluviones y socavamiento de las orillas, etc.).

          Entonces, habríamos quitado 50.000 hectáreas, llenándolos de lagos e instalaciones, de los 10.000 kilómetros cuadrados hipotéticos del lugar. O sea, 500 kilómetros cuadrados, el 5% del espacio disponible en 10.000 kilómetros cuadrados. La suma de "lagunitas" hace un lago apreciable, capaz de generar problemas similares a las grandes represas.

          Para peor, los pequeños arroyos son muy vulnerables a la agresión, Por ejemplo, si derramamos 10 litros de agua lavandina (agua clorada diluida) en un gran río, se diluye rápidamente. Si arrojamos la misma cantidad de agua lavandina en un pequeño arroyo, el deterioro en la flora y en la fauna, la esterilidad del lugar, alcanzaría ribetes de tragedia.

          Otra dificultad es la compleja administración de muchísimas represas, sus respectivas centrales hdroeléctricas, los cauces de agua e instalaciones. Los costos pueden acrecentarse sin límites.

          Hay un enemigo eternamente latente: la sequía. A falta de lluvias por períodos prolongados, un sistema de mini-represas colapsaría por falta de agua. Ello no ocurre con las grandes represas, instaladas en los grandes ríos, los cuáles nunca se secan. A lo sumo disminuyen el caudal, pero si una gran represa está bien diseñada tendrá un plus de tamaño en el lago como para compensar los períodos de bajantes en el río o ríos que alimentan las máquinas generadoras de electricidad.

          La creación de los lagos propios de las represas requieren el desplazamiento de poblaciones. Más allá del costo económico, el desarraigo de quienes pueden haber vivido por generaciones en el lugar, genera problemas sociales graves. Es frecuente el aumento de la desocupación, la drogadicción, el alcoholismo y la delincuencia.

          Como vemos, la energía hidroléctrica no es solución suficiente.

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