Actualidad, Derecho, críticas de los actos políticos. Soy perfecto pero prefiero negarlo, le temo a los envidiosos y a las envidiosas.
Cristina Fernández de Kirchner no es abogada. La Presidente de la Nación Argentina nunca concluyó estudios de abogacía. Y es poco probable que siquiera hubiera avanzado en los estudios universitarios más allá de unas pocas materias.
Sin embargo, en actos protocolares y documentos oficiales la Presidenta es presentada como “la Doctora Cristina Fernández de Kirchner”. También se hace referencia a ella como “abogada”, “letrada”, “jurista” y cuantos otros sinónimos hubieren para designar a quienes se han diplomado en la abogacía.
Hasta ahora nunca quise hacer hincapié en ese dato. Se me hacía anecdótico. Porque ella, la Presidenta, omitía hacer referencia a ello. Al menos nunca le oía mencionarlo. Creí que era un lisonja típica de los aduladores.
Es más, en el libro “La Presidenta” de Sandra Russo (“las memorias autorizadas” de Cristina Fernández de Kirchner) nada escribió la autora sobre el momento y ocasión en el cuál se hubiera recibido de abogada. Sólo discurre sobre las épocas de estudiante de la Presidenta.
Pero todo se trastocó. Hace unos días, públicamente y en medio de sus disputas del traspaso de los subterráneos de la ciudad de Buenos Aires Cristina Fernández de Kirchner afirmó enfáticamente: "...lo digo como abogada..." Me molestó. Ya no eran reseñas circunstanciales de otros. Era la palabra clara de ella misma.
Decidí explicar las razones por las cuales sostengo que no es abogada, no concluyó los estudios de abogacía. Para decirlo claramente, la Presidenta de la Nación miente. Es una mentirosa.
Años atrás hubo un vislumbre de discusión al respecto. Realmente desde entonces sabíamos que Cristina Fernández de Kirchner no era abogada. Claro está, ella era ambigua, ni negaba ni afirmaba. La discusión se diluyó.
El primer elemento certero, quizás el más contundente, para demostrar que la Presidenta no es abogada, resulta de su actitud frente a las acusaciones y sospechas. Porque el silencio de Cristina Fernández de Krichner es una verdadera afirmación de convicción sobre la patraña. Lo explico seguidamente.
¿Qué hace un profesional universitario, del cuál dicen “usted no tiene el título, no se recibió, no estudió, es un mentiroso”? Muy simple: exhibe la documentación que demuestra que sí recibió el título y la habilitación profesional. Normalmente en la Argentina esa prueba fundamental es el diploma.
Recordémoslo, en nuestro país, a una persona que ha cumplido con todos los requisitos propios de los estudios universitarios cursados – y por ende se le autoriza a ejercer esa profesión – se le entrega un documento llamado diploma.
El diploma es un documento sencillo (aunque suele ser pomposo, de letras enormes y dibujadas, como “para poner en un cuadro”). Se limita a decir: “Fulano concluyó sus estudios de ….., el día … del mes …. del año ...” Firman las máximas autoridades de la facultad y de la universidad. Para tener plena validez el diploma debe ser validado por el ministerio de educación nacional, certificándose las firmas de la autoridades universitarias.
Hacer caso omiso a lo esperado por todos frente al caso de un profesional universitario cuestionado, es tenido por un reconocimiento del acusado, de que carece de título, de que no concluyó los estudios.
Tan generalizado es el uso del diploma como prueba del título universitario en nuestro país, que “diplomarse” y “obtener el diploma” son sinónimos de concluir los estudios.
Por supuesto, hay casos en los cuales el interesado ha extraviado el diploma. En esa contingencia y si efectivamente concluyó los estudios, hay pruebas supletorias más que suficientes. La más elemental es una certificación de la facultad y universidad, de las materias rendidas, con detalle de las fechas y una mención final en el sentido que ha rendido satisfactoriamente la totalidad de las materias correspondientes al título universitario respectivo.
Siendo que está en dudas el título de abogada, de nada menos que la Presidenta de la Nación, que ocupa ese cargo desde el año 2007, es obvio que, hacerse de la atolondrada, darse por no enterada de las incertidumbres sobre su profesión universitaria, es una muestra muy clara de la verdad de las acusaciones.
Con esa actitud que excede la soberbia y desprecio, para alcanzar el grado de desagradable picardía, Cristina Fernández de Kirchner ha dicho a todos los vientos que ella no es abogada, no estudió abogacía, o al menos que nunca completó los estudios. Lo dicho es más que suficiente. Sin embargo hay muchas otras pruebas al respecto. Una de ellas es sustancial.
Ha dicho la misma Cristina Fernández de Kirchner que, tras dejar la ciudad de La Plata donde cursaba estudios, fue a Río Gallegos, Provincia de Santa Cruz. Y que allí trabajó en el estudio jurídico de sus esposo Néstor Kirchner. Por supuesto, pudo haber trabajado en ese estudio jurídico como auxiliar, ayudante, secretaria o como se lo quisiera llamar.
Ahora bien. Si ella hubiera salido de la ciudad de La Plata hacia Río Gallegos con “el diploma bajo el brazo” (otra expresión sinónima de “haberse recibido”) con certeza habría cumplido con varias gestiones, algunas absolutamente necesarias para trabajar como abogada en la Provincia de Santa Cruz y otras voluntarias. Nos adelantamos y decimos que hay requisitos no tan diversos en las otras Provincias.
Como consecuencia del sistema federal, cada Provincia de la Argentina impone sus propios recaudos para que los universitarios ejerzan sus profesiones en los respectivos territorios. Actualmente todas las Provincias tienen Colegios de Abogados, entidades que han sido definidas como “semipúblicas”, “paraestatales” y otras denominaciones similares.
Los Colegios rigen las profesiones universitarias y en cada Provincia hay tantos Colegios como profesiones universitarias (a veces las profesiones afines tienen un sólo Colegio, por ejemplo Ingenieros y Arquitectos, también Abogados y Procuradores).
Por supuesto, es conocido – y fácil de confirmar – que los abogados en Santa Cruz deben matricularse en el Colegio de Abogados de esa Provincia para ejercer la profesión. O sea – dando un ejemplo – una persona puede ser abogada, tener su diploma en regla con estudios cumplidos. Pero no puede presentar un escrito en un juicio que se tramite en Santa Cruz, fuere como patrocinante, apoderado o defensor, sin antes matricularse en ese Colegio.
Un Colegio tiene la función de administrar la matrícula, con facultades disciplinarias respecto de sus colegiados.
Resulta que Cristina Fernández de Kirchner nunca se matriculó como abogada en el Colegio de Abogados de la Provincia de Santa Cruz. Es algo extraño al ejercicio que un abogado omita la matriculación en el Colegio de la Provincia donde ejerce.
Conforme a sus propias palabras y comentarios de compañeros políticos, la actual Presidenta “trabajó en el estudio de su marido” desde 1976 (o 1977, nunca se aclaró el año exacto) hasta 1983. Fueron siete u ocho años. Parecería que Cristina Fernández de Kirchner y sus compañeros usóaron una fórmula ambigua para – en principio – “decir o no decir” que es abogada. Como observamos más arriba, se puede laborar en un estudio jurídico sin ser abogado, por ejemplo como secretario, y si el estudio es muy grande suelen haber muchas actividades complementarias: archivista, gestor, cadete, etc.
Claro está, hace unos días la Presidenta dijo en un discurso oído en todo el mundo: “...lo digo como abogada...” Afirmó con seguridad que ella era abogada. Más aun, esa aseveración fue seguida por una comparación con el Jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires – Mauricio Macri – del cual dijo con cierta sorna: “...bueno, él es ingeniero...” Aludía al supuesto obvio desentendimiento de Macri sobre la interpretación de un documento legal, que ella, como abogada sí podía hacer válidamente.
Hay más. Nadie puede ejercer una profesión liberal en la Argentina sin inscribirse en – al menos – dos organismos fiscales: la Administración Federal de Ingresos Públicos (antes sólo Dirección General Impositiva) y en la Dirección de Rentas de la Provincia dónde trabaja.
Pero Cristina Fernández de Kirchner nunca se inscribió como abogada en ninguno de los dos organismos. Y de haber trabajado efectivamente como abogada sin inscribirse en los entes recaudadores hasta podría ser acusada de la comisión del delito de evasión de impuestos.
Seguimos. Tratándose – nada menos – de la Presidenta de la Nación, alguien ante las dudas debería haber recordado algo así como: “ella fue mi abogada en tal juicio” o “ella me defendió cuando estuve preso”, etc, etc. No. Hay ausencia absoluta de recuerdos de ese tipo.
Asimismo por haberse puesto en tela de juicio la habilitación profesional de la Presidenta de la Nación, el Superior Tribunal de Justicia de la Provincia de Santa Cruz, el Colegio de Abogados de Santa Cruz, la Dirección General de Rentas de esa Provincia, la Administración Federal de Ingresos Públicos, la Municipalidad de Río Gallegos, el partido Político Frente para la Victoria de Santa Cruz, todos, al siquiera uno de ellos, debería haberse salido en su defensa mostrando documentación que exteriorizara la profesión de abogada de la Presidenta. Nadie lo hizo formalmente.
Para peor, la Facultad de Derecho de la Universidad de La Plata, cuando fue requerida sobre el tema, informó que faltaban las hojas en los libros en los cuales deberían estar anotados los exámenes rendidos por Cristina Fernández de Kirchner. Esto ya suena a disparate.
Hasta aquí los datos que se han hecho públicos y la información fácil de obtener por cualquier persona en la República Argentina. Yo quisiera haberme equivocado. Lamentablemente, no es así.
La Presidenta de la Nación Argentina Cristina Fernández de Kirchner no es abogada, nunca completó los estudios de abogacía, quizás ni siquiera los empezó. Mintió al respecto. Es muy grave.